
Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones,
y ver que, de marrones,
estamos hasta arriba.
Me gusta que se pegue
la gente del Partido,
(mirar desde el tendido,
fumándome un Cohiba)
Me voy al cementerio
si quiero relajarme,
pues suelo solazarme
saltando entre las tumbas.
¡Allá se queden otros
con las preocupaciones,
tomando decisiones,
volviéndose tarumbas!
Me paso por el forro
las cosas del Gobierno.
-El modo más moderno
de hacer oposición-
Mejor, ni molestarles:
que vayan a su bola...
(Si nadie les controla,
se aburren mogollón)
Me da mucho gustito
el ver cómo machacan
a aquellos que destacan
entre los de mi grey.
Detesto a los que valen.
-Así, todo se explica-
Lo firma y lo rubrica
Mariano Rajoy Brey.

6 zapatazos:
Estas ruinas de la fotografía, me recuerdan mucho a las ruinas de Santa Mariña de Dozo, en Cambados, aunque a decir verdad, las de Cambados son mucho más alegres, se puede pasear por entre los muertos con la alegría que da el sentirlos vivos, tal es la luz que, a pesar de las negras sombras de Galicia, irradia su entorno.
Un abrazo y... cuando dejes el camposanto no te olvides de llevarte la botella. Yo esas cosas no las hago a no ser que me deje acompañar por un buen tintorro.
Saludos, Javier.
El cementerio de Cambados, junto al pazo de los Pardo Bazán, es uno de los más hermosos que he visto nunca.
El de la imágen es un cuadro de Caspar Friederich, uno de mis pintores favoritos.
A diferencia del de Calvados, en estas imágenes protestantes de monasterios en ruinas, siempre hay una fuerte carga de mala conciencia.
Supongo que don Mariano también preferirá el de Cambados para solazarse.
Rajoy en el cementerio, fuego fatuo.
Rajoy en el cementerio se siente entre iguales.
Don SIGO:
Ya me he comprado el libro de Wislawa Szymborska.
Gracias por estar al quite.
Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.
Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.
Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.
Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.
Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.
A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.
Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.
Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.
Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.
En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.
Wislawa Szymborska.
De "Fin y principio", 1993
Versión de Abel A. Murcia
Publicar un comentario en la entrada