
Caminas por las calles
de tu ciudad, repletas de sonidos
humanos, de siluetas de otra gente
que, como tú, transita
pegada a las paredes.
Te absorbe un hormiguero
perpetuamente inquieto, que es el hoy,
que es el aquí y ahora: los zapatos
que pisan las aceras desgastadas,
los trajes, los vestidos
que guarecen del viento nuestras carnes,
respetan los dictados de la moda.
Ya no se ven sombreros.
Apenas quedan de esas gabardinas
cruzadas, con solapas,
color panza de burro…
Todo es nuevo y moderno:
los coches rutilantes, las farolas,
los cada vez más altos rascacielos.
Lo antiguo, las baldosas desgastadas,
las viejas barandillas herrumbrosas,
son islas del pasado:
retales de otro tiempo que, en buen uso,
se heredan y aprovechan.
Pero, el presente es nuestro.
Las voces atenuadas
que suenan por los patios más vetustos
son de personas vivas. Los garbanzos
de cuyo olor se impregna la escalera
ya acaso centenaria,
serán comidos hoy.
Hay algo de inquietante en todo esto.
Hay algo de soberbia inconsistente
en esa tiranía del ahora,
en la supremacía del presente.
Y es que, dura tan poco,
antes de ser pasado para siempre…

10 zapatazos:
Magnífica su poesía, Monsieur y también me ha gustado mucho la fotografía con que la ilustra. Desde la humilde San Sebastián; ¿es acaso algún rincón Bilbao lo que representa?...
No se, Pussy Cat, de dónde habrá sacado Sans Foy la fotografía, aunque a mi, que también soy bilbaíno, no me suena de nada.
Y mejor así, porque, si esas escaleras estuvieran en Bilbao, no creo que duraran mucho, pues aquí no es que imperen la tiranía y la soberbia del presente, en palabras de Monsieur, sino un gusto pésimo de nuevos ricos acomplejados de su pasado.
Las viejas naves de la empresa de toldos y velas de barco Bilbao Goyoaga fueron derribadas sin clemencia y, como ridiculo testimonio de su pasada existencia, han dejado en un parterre miserable el friso de azulejos decorado con la imagen de un velero que un día presidió la entrada del edificio.
Las naves de un estilo entre gótico y aldéano de los Silos Vascos, se caen a pedazos en los muelles de Zorroza.
El pequeño mercado modernista de la calle Castaños ha sido vaciado y rellanado con el inevitable edificio de cristal.
Del antiguo depósito franco en Uribitarte sólo han dejado cuatro pedazos que rodean las pretenciosas torres de Isozaki.
Espero que las escaleras de la foto no estén en Bilbao por su propio bien.
Monsieur,
Nostálgico le veo yo hoy, quizá sintiéndose como las baldosas y barandillas ... "isla del pasado".
Yo a vuesa mercé me lo imagino con boina mediolao y recio gabán ... y creo que no voy mal.
¿Se acuerda Usted de aquel sevillano,
que sí usaba sombrero,
que al andar hacía camino
y enterraron en el pais vecino?
Pues él tambien decía
que "Hoy es siempre todavía"
Color "panza de burro"
tiene hoy el cielo
¡será que llora el paso del tiempo!?
À bientôt, Monsieur!
Y Feliz domingo electoral ...
Saludos a todos. No, esas viejas escaleras no están en Bilbao, sino en Google, un lugar de clima más seco y saludable para la madera.
Y no va del todo desencaminada MARÍA. Cuando sopla el Este, Monsieur se cala la boina y se embute en su marinero de Brest. Pero mi condición insular es más mental.
Feliz domingo a todos. Y a votar prontito, vascos y gallegos. Que no se me despiste ninguno.
Hoy a estado sublime con su poesía.
Me ha gustado especialemente esa sensación de paso inexorable del tiempo...
Y me ha resultado gracioso lo de los sombreros ya que me compré uno hace poco jajaja
Monsieur. Esta es, con diferencia, una de mis favoritas.
Me la guardo, para cuando sea mayor.
Yo, si Sans-foy me lo permite, quiero participar hoy, con un poema también costumbrista y evocador de tiempos pasados:
VIDA
Entre el trigo que espiga sus propias espigas
para volverse harina de pan apetecido,
más allá de la flor,
en su propio suicidio colectivo,
fueron creciendo juntos el escarabajo de la patata y el gorgojo
y el niño que medita su sombra bajo el sol de un permanente mediodía.
La solera del horno va consumiendo soles.
Los grillos anuncian la salida del pan entre canciones propias de grillos.
Cri cri, cri cri.
Al fondo,
en la tahona, el calor del hogar da vida al pan de millo
y las mujeres desacreditan religiosamente a sus vecinas ausentes.
Más tarde, serán ellas, las ausentes, las que desacrediten a las que hoy critican.
Cosas de pueblo.
Las escobas barren las esquinas y limpian de malicia los rincones.
Mañana volverán a realizar la misma pirueta.
Unos niños juegan a soldados con escopetas de madera
y aprenden a matar al adversario que para eso están las escopetas de madera
y el adversario está para morirse.
Las niñas miran con envidia a los niños que juegan y sienten no ser niños
están hartas de jugar a las casitas y de hacer de mamás de las muñecas.
Qué bonito es ser niño, pueden tirarse al suelo, hacer pinchos carneiros y mancharse,
las niñas sin embargo han de cuidar las apariencias,
no está bien que una señorita se rasgue la falchoca.
En el monte una luz imita a las estrellas y señala el camino de la noche.
Despiertan las luciérnagas.
Yo me voy a la cama porque no soy luciérnaga y sueño con Amparo.
Amparo es novia de otro hombre y sé que no me quiere.
El día que me quiera dejaré de soñar y... ¿qué es la vida sin sueños?.
Adiós señores, recojan los sombreros y den las buenas noches cuando salgan.
Un abrazo.
Esta usted premonitorio Monsieur.
Yo también me lo temo.
¡Que haya suerte!
Monsier, le felicito. Como siempre, nos deleita con sublimes rimas, hoy melancólicas como tarde de domingo.
Les mandamos un cariñoso recuerdo y un abrazo muy fuerte.
Monsieur, su poesía se ha colado discreta y sigilosa en este día gris. Estoy tratando de que no me lo invada todo, sobre todo por mi equilibrio, porque no sé manejar la nostalgia del presente.
Un abrazo y gracias.
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