A veces me da por hacer estas cosas, aunque sea de coña, porque éste es un género en el que hay que estar entrenado. Nunca se sabe cuándo te va a tocar hacer una de verdad.
Don Hipólito Ortúzar Capdevila y Montero,
de la Orden de Malta fue leal caballero,
gentilhombre de cámara de Juan Carlos I,
reputado erudito, maricón y soltero.
En un piso heredado de la calle Serrano,
habitó con su hermana, habitó con su hermano,
y también cohabitaba con un cierto fulano
que venía los Jueves a tocarles el piano.
Fue rapsoda elegante, de pulida oratoria;
cien romances sabía recitar de memoria.
Pero sólo una cosa le llevaba a la euforia:
maquillarse los ojos como Alaska y Fangoria.
Militar de carrera, pues llegó a coronel,
no se ha visto otro porte más castrense que aquél.
General no le hicieron, porque todo el cuartel
le llamaba, en secreto, doña Meyer (Raquel)
Hoy ha muerto en su lecho, de una arritmia diastólica
mas, el alma se libra de asechanza diabólica,
pues Hipólito Ortúzar, de familia católica,
recibió la piadosa Bendición Apostólica.
pues Hipólito Ortúzar, de familia católica,
recibió la piadosa Bendición Apostólica.

9 zapatazos:
Monsieur, como en Navidades, a este buen hombre le volvió a suceder ayer lo mismo en el Día del Padre...,
Miró el regalo recién desempaquetado..., calcetines... y... nada más. Ni un simple pañuelo.
Definitivamente le habían encajado en la lista correspondiente a calcetines.
Ese tipo de listas, establecida por edades, que deciden lo que el homenajeado no precisa, no merece, o no le debe interesar más... o que ya no tiene edad para otra cosa.
Existe la edad de ser obsequiado con juguetes y juegos, de recibir un billetero..., después la edad de ser obsequiado con dinero, metido en un sobre, para gastarlo como viniere en gana..., con la puntual recomendación de no gastárselo todo en mujeres..., después libros..., discos..., bebidas ...
Por Navidades le regalaron una botella de vino..., lo que ya era una señal significativa de que ya estaba próximo a ingresar en la lista de calcetines.
Como este año decidieron que el alcohol le podría comenzar ya a no sentar bien, le regalaron calcetines.
Entrar en la lista de calcetines significa entrar, automáticamente, en la lista de los que ya nunca más serán tenidos en cuenta sobre ningún otro asunto relativo a la misma.
Una corbata daría a entender que todavía confían en que podría acudir a algún otro lugar o evento; de corbata. Se regalan calcetines para dejar a la persona en casa.
Una loción..., ¿oler bien..., para qué a esa edad?... Calcetines.
Se pasó todo el año lanzando indirectas de que estaba necesitando un paraguas nuevo. ¿Paraguas?, ¿Para salir a la calle?, ¿Además lloviendo?... Calcetines.
Ya solamente le queda entrar en otra lista aún más terrible y definitiva: la de los calcetines de lana.
De los que están en la lista de los calcetines de lana se presume no tienen otra ambición y placer en la vida que mantener los pies calientes. Calcetines de otro material dejarían sobreentendida la remotísima posibilidad de una recuperación. La medicina de hoy podría conseguir algún milagro, por lo que aún podría volver a la lista de loción. Incluso hasta a la de corbata. Pero de la lista de los calcetines de lana nadie sale..., al menos con vida.
Tremenda y certera reflexión, ALISEDA. A lo mejor la versifico, un día menos soleado que hoy.
No me cabe la menor duda de que será vd. capaz de versificar la reflexión, amigo Sans-Foy.
Será un auténtico regalo por su parte, Maestro, que personalmente le agradeceré eternamente.
Lástima hubiese sido un buen refuerzo para Carme( sin ene) Chacón en su afán de crear un ejército rosa para trabajar por la pazzzzzzzzzz.
A mi me recuerda un poema cuyo autor no recuerdo ahora que decía mas o menos.
Aquí yace un general
que nunca se sublevó,
pudo ser buen militar
pero muy poco español
Para aparecer en las esquelas que publica el diario ABC no es suficiente con morirse y que tus deudos paguen el abultado precio. Es necesario, como poco, haber sido coronel del Cuerpo de Ingenieros, miembro de número de alguna Real Academia o abadesa de un convento de clausura.
Pero seguro que detrás de los rimbombantes títulos que dan hornato a tan dignos difuntos, se esconderán, a menudo, secretillos tan poco confesables como los del bueno de don Hipólito (q.e.p.d).
Espero que durante mucho tiempo las necrológicas que escriba sigan siendo ficticias y tan descacharrantes como la que hoy nos trae.
Escribiendo hornato en lugar de ornato seguró que mi esquela no aparecerá en el ABC ni aunque me nombren capellán del convento de los Mostenses.
A mí, hornato me suena estupendo, Público amigo. Es algo así como un lechoncillo turruscadito en horno de leña...
Yo, siempre pensando en lo mismo.
Ha tocado uno de mis temas favoritos, "la muerte", jeje. Y algún que otro testamento y muchos epitafios me ha dado por escribir:
"Con mi muerte dejar quiero
ológrafo el testamento
mis bienes y mi dinero
-con mis deudas, ya lo siento-
a quien los halle primero."
Pero para epitafios la anécdota de Muñoz Seca con los porteros de su casa -que la doy por sabida, por no hacer una entrada en vez de un simple comentario-, y para elegías la de Quevedo: "A un italiano llamado Julio":
"...Luego que le enterraron
del cuerpo corrompido
gusanos se criaron,
a él, tan parecidos
que eran, en varios montones
unos con otros bujarrones."
O aquel otro que termina:
"No en tormentos eternos
condenaron su alma a los infiernos;
mas los infiernos fueron condenados
a que tengan su alma y sus pecados.
Pero si honrar pretendes su memoria,
di que goze de mierda, y no de gloria;
y pues tanta lisonja se le hace,
di: «Requiescat in culo, mas no in pace.» "
Un saludo
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