
Bajo el cielo de la noche
siete veces milenaria,
al frente de cien jinetes,
el Lehendakari cabalga.
Va cantándole un enano
con su voz desafinada:
“Que la Virgen de Begoña
ya no quiere ser de España,
y aquí no hay más vascos buenos
que los de Sabino Arana”.
Van detrás los burukides,
en sus rojas-verdes-blancas
mulas herradas en oro
y remachadas en plata.
Van llorando letanías...
el interminable Mantra
de los vascos-vascos-vascos,
mayormente, los que mandan:
“Dadnos más, tenemos poco...
que la vida está muy cara.
Dadnos sombreros de copa,
Dadnos camisas de holanda
y zapatos con hebilla,
que andamos en alpargatas.
Dadnos bastones de junco
con puño de plata y ámbar,
y soltad más competencias...
que estamos sin hacer nada,
siempre mano sobre mano,
todo el día sin hincarla.
¡Es muy poco saludable
tanta vida sedentaria!”
Más atrás, vienen andando
gentes vascas prebendadas:
Ellos, todos llevan cirio,
ellas, todas llevan palma.
Cantan salmos en euskera,
que es la parla destinada
a las loas ancestrales
y alabanzas milenarias.
¡Hay que ver con qué entusiasmo
comen sopas mientras cantan!
(sin perderse ni una gota
de esa sopa boba y santa)
Van detrás, pero en silencio,
otras gentes vascongadas
sin oficio o beneficio:
gente mansa, sosegada,
que ni aplaude ni protesta...
pero sigue a la manada.
Unos, hablan del Athletic,
otros, hacen crucigramas...
Todos van por la vereda
que les marcan los que mandan.
Y allá, al fondo de la cola
que se pierde en lontananza,
van, por fin, los rezagados,
siempre a trancas y barrancas.
Necia plebe protestona
y, además, malencarada.
Son la hez de nuestro pueblo...
¡Ni son vascos ni son nada!
Les han dicho muchas veces
que se largen para España...
y ellos siguen, contumaces,
sin dejar de dar la brasa.
A ambos lados del camino,
entre matos y entre zarzas,
bajo el cielo de la noche
siete veces milenaria,
la jauría de los lobos
merodea en retaguardia:
Ora ves un ojo sólo,
ora asoma allí una garra...
y de pronto, de la fila,
otro rezagado falta.
(Siempre atrás, nunca delante
ni en el medio... De eso nada,
que de sobra sabe el lobo
dónde no meter la pata)
siete veces milenaria,
al frente de cien jinetes,
el Lehendakari cabalga.
Va cantándole un enano
con su voz desafinada:
“Que la Virgen de Begoña
ya no quiere ser de España,
y aquí no hay más vascos buenos
que los de Sabino Arana”.
Van detrás los burukides,
en sus rojas-verdes-blancas
mulas herradas en oro
y remachadas en plata.
Van llorando letanías...
el interminable Mantra
de los vascos-vascos-vascos,
mayormente, los que mandan:
“Dadnos más, tenemos poco...
que la vida está muy cara.
Dadnos sombreros de copa,
Dadnos camisas de holanda
y zapatos con hebilla,
que andamos en alpargatas.
Dadnos bastones de junco
con puño de plata y ámbar,
y soltad más competencias...
que estamos sin hacer nada,
siempre mano sobre mano,
todo el día sin hincarla.
¡Es muy poco saludable
tanta vida sedentaria!”
Más atrás, vienen andando
gentes vascas prebendadas:
Ellos, todos llevan cirio,
ellas, todas llevan palma.
Cantan salmos en euskera,
que es la parla destinada
a las loas ancestrales
y alabanzas milenarias.
¡Hay que ver con qué entusiasmo
comen sopas mientras cantan!
(sin perderse ni una gota
de esa sopa boba y santa)
Van detrás, pero en silencio,
otras gentes vascongadas
sin oficio o beneficio:
gente mansa, sosegada,
que ni aplaude ni protesta...
pero sigue a la manada.
Unos, hablan del Athletic,
otros, hacen crucigramas...
Todos van por la vereda
que les marcan los que mandan.
Y allá, al fondo de la cola
que se pierde en lontananza,
van, por fin, los rezagados,
siempre a trancas y barrancas.
Necia plebe protestona
y, además, malencarada.
Son la hez de nuestro pueblo...
¡Ni son vascos ni son nada!
Les han dicho muchas veces
que se largen para España...
y ellos siguen, contumaces,
sin dejar de dar la brasa.
A ambos lados del camino,
entre matos y entre zarzas,
bajo el cielo de la noche
siete veces milenaria,
la jauría de los lobos
merodea en retaguardia:
Ora ves un ojo sólo,
ora asoma allí una garra...
y de pronto, de la fila,
otro rezagado falta.
(Siempre atrás, nunca delante
ni en el medio... De eso nada,
que de sobra sabe el lobo
dónde no meter la pata)
(A mi buen amigo Belosticalle)

9 zapatazos:
Siempre genial M. de Sans-Foy. Sin palabras.
Los versos "Dadnos bastones de junco
con puño de plata y..." me han traído a la memoria la horrenda imagen de aquel tremendo berzolari llamado Telesforo Monzón. (Sí amigo, la "makila" de MOnzón. ¿Por qué no se inspira y le dedica unos versos?)
¡Qué triste ver a Bergamín al lado de estos paletos!
UN fuerte abrazo - Rogelio
Si me permites, Sans Foy, lo mejor en mucho tiempo.
Quizás lo digo, no lo niego, porque tengo debilidad por estos temas.
Aquí, en todo este escenario procesional creo que no falta nada... salvo un detalle de suma importancia, para mí.
A ver cómo me explico. Vuelvo a repetir que no falta nada para explicar lo que es el "tema vasco" digamos así, en todas sus facetas... menos una.
Y creo que ahí está una clave fundamental (valga el pleonasmo), si se me permite, de todo este asunto.
Tú, como Sans Foy, y muchos que leemos esta letanía tuya de hoy, vivimos aquí, en medio del fregado. Probablemente la mayoría, si no todos, los que nos asomamos a diario a este blog vivimos aquí. Pero hay muchos que vienen, leen esto y no viven aquí. También hay algunos, supongo yo (con la audiencia milenaria que tienes) que son de aquí pero se identificarían más con los que van en avanzadilla en la procesión. De estos ya sabemos lo que van a opinar. Y ellos mismos, cuando lean esto dirán: bueno, lo de siempre, los españolazos con una pelmada de las suyas.
Bien, estos ya se sabe lo que van a decir, se da por descontado. Pero a mí me interesa más algo que no está aquí reflejado, vuelvo por tres veces a repetir, y que no sale:
La visión que el resto de España tiene del asunto que hoy nos ocupa, la visión que tiene de este panorama, del llamado problema vasco en definitiva.
Y adelanto que yo ya hace tiempo que me desengañé de esa visión del restospaña hacia aquí, pero mi trabajito y mis sudores y mis lamentos y mis ayes me costó hacerme a la idea.
Los que vamos atrás en esa procesión, los que tenemos pueblo allendelebro, los que tenemos lazos de familia y recuerdos, memoria e identidad con las gentes que los nacionalistas consideran no-de-aquí, en resumidas cuentas, los maketos de los primeros tiempos del nacionalismo y sus sucesores de la segunda mitad del siglo XX, hemos cometido siempre una gran ingenuidad, una gran muestra de candidez: por necesidad sentimental, afectiva, claro, no digo que no: hemos creído que en el resto de España íbamos a encontrar quien nos comprendiera, se iban a solidarizar con nosotros sin dudarlo, iban a tener en nosotros a sus principales interlocutores, a los que les dijeran la verdad de la verdad de lo que estaba ocurriendo aquí.
Pero no, queridos amigos, ese gran espejismo, esa falta que hay aquí, en la procesión del amigo Sans Foy es fundamental para entender nuestra condición desasistida de todo el mundo:
Los maketos no somos comprendidos fuera de aquí, en lo que para nosotros es el restospaña. Por eso es una gran equivocación pensar que maketo es lo mismo que español. Esa identificación fue muy interesada y muy confundidora como tantos otros tópicos de nuestra historia vasca contemporánea de nuestros dolores. Un español de fuera del País Vasco que nunca haya venido por aquí nunca será maketo. Maketo es sólo el español de allendelebro que toma contacto con el vasco en la propia tierra vasca. Esta perogrullez es la clave del asunto.
Por eso los nacionalistas vascos, los de las primeras filas de la procesión, tienen amigos "en España", veranean con ellos incluso. Y estos amigos "españoles" de los vascos nacionalistas les preguntan a ver cómo van las cosas por aquí, a ver si España deja de apretarles el cuello de una vez, por ejemplo (esto lo dicen los españoles progres y sensibilizados con el tema vasco), a ver si España se convierte de una vez en un estado tolerante y tal. Pero esos amigos españoles de los nacionalistas vascos luego, cuando terminan las vacaciones se van a Madrid, a Sevilla o por ahí y aquí paz y después gloria. Serán siempre españoles pero no maketos para los vascos nacionalistas.
En resumidas cuentas, queridos amigos de este blog, querido Sans Foy, en tu procesión, magistral, evocadora, fina, elegante, falta ese dato clave: España. O lo que para nosotros es el resto de España, que no entenderá jamás el problema vasco si sólo lo analiza desde el punto de vista de los nacionalistas, que es lo que ha hecho siempre hasta ahora.
Ser tolerante con el tema vasco no es darles a los nacionalistas todo lo que quieran (que es lo que se ha hecho hasta ahora desde el resto de España para tenerles contentos). Ser tolerante con el tema vasco es entender que aquí hay una gran cantidad de gente procedente de la profunda España, y que ese fue precisamente el detonante para que algunos nativos de medio pelo de por aquí montaran su tinglado independentista para mantenerse en el poder, chantajear al resto de España con la independencia y, de paso, ofrecérnos al resto el trágala de lo tomas o te vas.
Y ya lo dijo Unamuno, pero seguimos sin hacerle caso: “El calificativo más adecuado al movimiento no es tanto el de separatismo como el de antimaquetismo. Es ante todo y sobre todo una explosión de enemiga hacia el español no vascongado, el maqueto, establecido en Bilbao y que allí trabaja.” ¿Se entiende un poco mejor ahora lo que quería decir don Miguel?
Un abrazo maketo para todas y todos.
Genial, Monsieur. Simplemente genial.
Monsieur: Sombrero
(el médico de rubalcaba)
Monsieur: Sombrero
(el médico de rubalcaba)
Hoy está vd sembrao, S. Foy:
Me parece que éste va a ser uno de ésos que circulan libres por la red como aquel romance del Rey Rodríguez. Y si no, al tiempo.
Mucho ojito con los catedráticos de literatura.
Un cordial saludo.
Me ha encantado el dibujo, el verso también, claro. Aunque el dibujo no recoge el eje necesario para que la noria nacionalista cumpla su función, que no se mueva. Cuando veo a los hamsters jugando en la noria de sus jaulas me acuerdo de esta peña. Es el truco, para mover continuamente al pueblo milenario sin llevarlo a ningún sitio. Así lo tienen con la lengua fuera y ellos mandando. Ibarrulo, Moisés de noria y jaula. Y no se cansan.
Allá, por la madrugada
de los sueños, sucedía
que unas voces anunciaban
todo el mal que se cernía
sobre las tierras vasconas,
tierras que fueron pobladas
por gente noble y altiva,
aquellas que el buen Sabino,
con denuedo, pretendía
que evitasen el contacto
con la hispano progresía.
Y eran voces incendiarias,
y eran voces incisivas
que, cuánto más se escuchaban,
mucho más cerca se oían.
Eran voces del averno,
y tanto se repetían
que iban formando una hilera,
-como cuentas de rosario-,
de una triste letanía.
Las gentes que tal oyeron
se quedaron confundidas.
“Vascos y vascas cuidaros
de las falsas profecías
y de los falsos profetas
que vienen, con sus mentiras,
a quedarse con lo nuestro
y con nuestra euskalerría,
no dejéis que nuestra tierra
se contagie con sus vicios
y manifiestas sevicias,
sólo así conservaremos
nuestra raza pura y limpia”.
No hubo un solo caserío,
monte abajo, monte arriba,
que no escuchase las voces
que tales cosas decían,
y en iglesias y batzokis,
-mira tú qué tontería-,
algunos se conjuraron
para mantener la llama
del vasco nacionalismo
-que acababa de fundarse-,
entre chapelas y vivas.
Ya están las huestes del pueblo
hábilmente repartidas
entre ikastolas y Erriko
tabernas por que un mal día
no pueda decirnos nadie
que se acabó la movida
por falta de presupuesto,
ilusiones traicionadas,
o voluntades fallidas.
Seguir dando la tabarra
es, hoy por hoy, nuestra vida.
Y España que está por esto
como medio dividida,
en vez de poner remedio,
ve como pasan los días
entre sonidos de gaitas,
castañuelas y ocarinas
y, mientras baila el danzari,
al compás de una guitarra
se lanza por bulerías,
qué si se dan bofetadas
mucho más se perdería.
Ya se acerca, ya se acerca
la hora de impartir justicia.
Los jueces planchan sus togas,
los ujieres sus camisas
y los padres de la Patria
se callan porque lo suyo
nunca fue decir la misa
que para esas cosas cuentan
-y lo dicen entre risas-,
con curas profesionales
porque son buenos laicistas.
Se acabó lo que se daba,
tanto tensaron la cuerda
los amigos PeNeuVistas
que al final se quedó en nada
como si nada pasara,
el sueño nacionalista
que soñó Sabino Arana.
Un abrazo y… si el Santo Job no hubiese sido Santo, estoy seguro de que envidiaría nuestra santa paciencia.
Saludos, compañeros.
De momento, tienen set y partido. Y sacan ellos.
¿Nosotros? A aguantar mecha. Y callandito.
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