Los palíndromos son palabras o frases equivalentes al número capicúa: suenan igual del derecho que del revés. (Todos hemos oído desde niños el famoso Dábale arroz a la zorra el abad).
Existen en todos los idiomas escritos: desde el griego bizantino de las pilas bautismales: Νίψον ανομήματα, μη μόναν όψιν (Nipson anomémata, me monan opsin: "Lavad vuestros pecados, no sólo vuestra cara") a la primera frase pronunciada en el mundo, (que lo fue en inglés): Madam, I'm Adam.
No es fácil hacer un palíndromo. Al menos, uno que tenga sentido. Hacen falta horas de ocio y paciencia de monje para pulir una de estas pequeñas perlas inútiles.
Las hay sencillas: Ojo Rojo, o Luz azul... y las hay verdaderamente prolijas, como A mamá Roma le aviva el amor a papá, y a papá Roma le aviva el amor a mamá.
Las hay inocentonas: A tí no, bonita, y brutales: ¡A tu padre, cerda puta!.
Les dejo aquí un puñado de estas joyitas anónimas:
Nos ideó Edison.
Edipo: la mamá lo pide.
No subas, abusón.
Abajo me mojaba.
Isaac no ronca así.
Nota épica: nací peatón.
Obeso, lo sé. Sólo sebo.
Se laminan animales.
Isaías, no beses ese bonsai así.
¡Rápido, dí par!
Ana, la tacaña catalana.
Sometámonos o matemos.
Oí lo de mamá. Me dolió.
Ella te dará detalle.
Son robos, no sólo son sobornos.
Oiré la voz noble del bonzo Valerio.
Ana lleva al oso la avellana.
Se corta Sarita a tiras atroces.
No, el usará ésa para pasear a su león.
Eva usaba rimel y le miraba suave.
Mal si le das la fe falsa del Islam.
La ruta nos aportó otro paso natural.
Átale, demoniaco Caín, o me delata.
Adán no cede con Eva y Yavé no cede con nada.